EN DEFENSA DE LA IMAGINACIÓN PORNOGRÁFICA

 

 

 

En su artículo La imaginación pornográfica (Estilos radicales, editorial Suma de Letras, 2002), Susan Sontag hace el análisis de 3 obras literarias – entre las cuales se encuentra la historia del ojo de Georges Bataille – calificándolas de esta manera. Resulta interesante esta denominación pues por lo general libros como el de Bataille son calificados como eróticos en muchos manuales y colecciones del género. Al parecer los artistas, y sobre todo los escritores, temen utilizar el término “pornografía” para calificar una obra de arte. ¿A qué se debe esto?

 

¿Erotismo : Pornografía = Arte :  no-arte?

Y es que al parecer hay una confusión de términos y se cree que en cuanto al sexo como tema de una obra, erotismo es sinónimo de arte y pornografía de no-arte.

Si, para escoger el camino más simple, nos dirigimos al diccionario observaremos que, con respecto a la presencia del sexo como tema de una obra,  en la mayoría de ellos se califica lo erótico como lo que tiene que ver con el amor sensual y/o sexual, mientras que lo pornográfico se encuentra más bien relacionado con lo obsceno – término que lógicamente debe ser relativizado, pues lo que es obsceno para unos no lo es necesariamente para otros.

En otras palabras lo que concierne a lo erótico es el amor en el tema sexual y a lo pornográfico lo obsceno en el mismo tema.  En ningún caso se hace referencia al hecho de que lo pornográfico implica ausencia de calidad artística (a menos que se considere la palabra obsceno como sinónimo de antiestético, cosa que es discutible.)

Al parecer pues al referirse al tratamiento de temas sexuales en una obra, las definiciones más adecuadas para estos términos serían: erótico = sexo sugerido (descripción de sentimientos más que de escenas), pornográfico = sexo explícito (el acto sexual como eje central de la historia); definiciones que por cierto, no son nuevas.

El hecho de calificar una obra de erótica o pornográfica dependerá pues de factores externos al tratamiento del tema. Una obra erótica puede ser artística o no, lo mismo sucede con una obra pornográfica.

Si vemos el ejemplo de la historia del ojo, veremos que resulta ridículo calificarla de erótica sólo a causa de sus calidades literarias – que nadie se atreve a discutir.  Este texto es lo suficientemente explícito y muchas veces obsceno, como para estar fuera del ámbito de lo erótico.

Sin embargo hay una gran diferencia entre el texto de Bataille y una historia pornográfica publicada en Hustler. Es por eso que Susan Sontag no la califica como meramente pornográfica (o pornografía basura, en sus propios términos), sino como una obra de imaginación pornográfica.  Se podría pues llegar a una primera conclusión: de que una obra de imaginación pornográfica es aquella en la que el sexo es tratado de manera explícita y que cumple con ciertos cánones o valores estéticos.  En ese caso una película como the blue dalhia, al reunir suficientes cualidades estética, podría llegar a ser considerada como de imaginación pornográfica, la producción está muy bien cuidada y visualmente es muy bella, por ejemplo.   Pero estético tampoco es sinónimo de artístico, sino sólo un elemento más de la obra de arte, que por otro lado puede o no estar presente en ella sin que pierda su calidad de artística.  ¿Qué otros elementos diferencian pues la mera pornografía de la imaginación pornográfica?

 

Pornografía Imaginación Pornográfica

El único punto en común que comparten la pornografía y la imaginación pornográfica  es la abundancia de descripciones explícitas del acto sexual.  La principal diferencia es en cuanto al uso de la imaginación.  En la pornografía el acto sexual ocurre en tiempo real (o que pretende ser real) y la escena trata de ser lo más pegada que pueda a la realidad, pues su objetivo es que el receptor se identifique con los personajes.  Al escritor de imaginación pornográfica no le preocupa el realismo de su descripción, pues su objetivo es más bien provocar a su receptor. El autor se preocupa más bien por mostrar el acto sexual más “creativamente” posible, aunque este sea físicamente imposible.  Muchas de las posiciones descritas en las once mil vergas de Apollinaire no se pueden realizar debido a las limitaciones naturales del cuerpo humano.  Es por eso que Susan Sontag compara la imaginación pornográfica con la ciencia- ficción. No sólo ambas se llevan a cabo en una hiper-realidad, sino que dependen de la exageración.

La pornografía pues se queda en la pura descripción fisiológica, genital, como bien lo dice Michel Felher en conjuration de la violence, su ensayo sobre Sade: “[...] en otros términos, se trata de reducir los múltiples juegos eróticos a una agenciamiento particular de órganos[...]”, de esta manera el acto sexual “[...] ya no es percibido como un dispositivo consumatorio, sino más bien como una necesidad[...]”  Es decir que al presentar el sexo centrándose en lo puramente genital, la pornografía lo limita, lo aprisiona y refuerza una imagen tradicional del mundo.  Como dice la misma Sontag, a los sectores moralistas les conviene el exceso de ese tipo de sexo.

La imaginación pornográfica por el contrario manifiesta una actitud crítica hacia la sociedad, cuestionando los paradigmas  y convenciones hegemónicas. Va más allá de la simple descripción fisiológica del acto sexual para develar las consecuencias (positivas o negativas) de este acto en la vida de sus personajes.  Mientras que en la pornografía pareciera ser que los personajes  van de compañero sexual en compañero sexual sin que aparentemente dejen huella de su paso, en la imaginación pornográfica siempre hay un “después” que puede tener consecuencias liberadoras o destructivas según la historia.

En otras palabras en la pornografía la historia es secundaria, lo importante es encadenar la mayor cantidad de descripciones fisiológicas del acto sexual, pues su único objetivo es la masturbación, mientras que para la imaginación pornográfica el sexo es un instrumento para hacer avanzar la historia que siempre lanza una mirada crítica hacia la sociedad que describe. Este aspecto es un punto más en común con la ciencia-ficción; en ambos casos hay una mirada crítica (por supuesto, no se trata de la ci-fi “basura”, que también existe).  El escritor en vez de optar por hacer un ensayo con respecto al tema que le interesa tratar, prefiere realizar una obra de ficción (aparentemente “light”) lo que quizá le permite llegar oblicuamente a más lectores.

 

La Imaginación pornográfica

Una obra de imaginación pornográfica realiza pues un acto político al explorar las transgresiones de los límites sociales y de los roles sexuales, utilizando el sexo (lo que constituye quizá el más grande campo de lucha de poderes) de dos maneras: como un elemento liberador o como un elemento de denuncia.  En algunos textos encontramos sólo una de estas funciones, lo que no excluye que en muchos se encuentren ambas al mismo tiempo.

- El sexo como elemento liberador.- Al parecer es la manera preferida de tratar el tema para las escritoras. Un ejemplo de esto es el libro La última noche que pasé contigo de Mayra Montero. En este tipo de relatos los personajes realizan una especie de viaje iniciático a través de su sexualidad, lo que les permite liberarse de estereotipos, normas sociales y ataduras culturales.  En muchos casos los personajes se encuentran en una situación inicial de dominación y evolucionan hacia el dominio total de sus propias existencias.

- El sexo como elemento de denuncia.- La historia del ojo constituye un buen ejemplo.  Este es el tipo de relato más transgresor y son generalmente muy violentos y tanáticos. Susan Sontag dice al respecto que de lo que se trata es principalmente, de la muerte. Generalmente hablan de depravaciones sexuales y para esto el escritor no teme “observar corrupciones y valores sanos desde el punto de vista del enfermo”, como dice el propio Sade.  El escritor sin embargo no hace un juicio de valores de manera abierta, deja a su lector libre para sacar sus propias conclusiones.

Dicho de otro modo, una obra de imaginación pornográfica está hecha para provocar la reflexión del lector – no necesariamente erótica – sobre su sociedad, sobre los límites de la normalidad y sobre su vida misma.

 

A modo de conclusión

Resulta decepcionante que en La imaginación pornográfica Susan Sontag, después de su inteligente análisis literario y dejando bien en claro que nada tiene que ver este término con la “pornografía basura”, termina diciendo que todo tipo de pornografía, imaginativa o no, es peligrosa.

En todo caso lo que se puede afirmar es que la imaginación pornográfica es tan peligrosa como cualquier tipo de información que llega a manos no adecuadas.  La historia del ojo no es una lectura adecuada para adolescentes inexpertos, ni siquiera para adultos hiper sensibles; por otro lado no olvidemos que por ejemplo Charles Manson encontró inspiración para realizar sus masacres en La Biblia

Más pertinente sería preguntarse sobre la utilidad o no de la imaginación pornográfica y de la pornografía.  En el último caso, a parte de la masturbatoria, resulta difícil encontrarle otra utilidad (Aunque muchos dirán que eso ya es suficiente). Su uso pertinente como material educativo para jóvenes ha sido contestado pues la mayoría muestra un falso tiempo real, lo que distorsiona la visión del joven que cree que si no es capaz de hacer el amor durante una hora sin parar, entonces no es un buen amante.  Por otro lado, como ya se ha mostrado, refuerza una imagen tradicional, y poco democrática además, del sexo. Por ejemplo en la mayoría de las películas pornográficas heterosexuales se muestra sexo entre mujeres pero jamás entre hombres. “Ese” tipo de películas están consideradas como lo marginal dentro de lo marginal. Vemos pues que refuerza valores moralistas: el sexo “normal” es heterosexual y dirigida hacia el público masculino, lo demás es pornografía marginal, es decir la homosexualidad al lado de la zoofilia. Para que la pornografía fuera realmente útil para la sociedad, debería ser más democrática y, paradójicamente, menos sexista.

En cambio por su carácter transgresor, la imaginación pornográfica es una poderosa arma de oposición. Y al ser ficción (al igual que la ciencia ficción) puede ser incluso más efectiva, pues permite tocar temas que quizá serían difíciles de abordar por otros canales más “académicos”.  Por todo esto escribir imaginación pornográfica constituye un acto político de oposición y al escribir una mujer, se convierte en un acto aún más transgresor.