EL EXTRAÑO CASO DE MICAELA GRAÑA DE LA ROMAÑA

 

 

 

 

¡Ay, doctor! Osea, usted sí tiene que ayudarme, por fa; usted sí tiene cara de inteligente, me tiene que creer.  El otro doctor decía que yo estaba loca, que todo lo había imaginado por no sé qué complejo de culpa.  ¡Como si yo tuviese la culpa del accidente de la Fernanda! ¡Porque todos saben que fue un accidente!

...¿No sabía lo del accidente?... Déjeme que le cuente.  Teníamos yo diez y ella cinco.  Yo había agarrado la muñeca favorita de Fernanda y estaba jugando a que era peluquera ¿entiende? Pero ¡Claro! Ella egoísta comenzó a decir que si yo le quería malograr su muñeca, que si era mala y no sé qué cosas más.  Estábamos al pié de la escalera, ella de espaldas al vacío forcejeando conmigo por la muñeca.  Yo la jalaba del pelo y ella de las piernas.  No paraba de gritar, alaraquienta ella como siempre: “¡Dame mi muñeca! ¡Dame mi muñeca!”... Así que yo se la di.  ¿Acaso fue mi culpa que ella rodara las escaleras al yo soltar la estúpida muñeca? ¿Cómo podía yo saber que se quedaría coja para siempre? Por último, la que salió perdiendo fui yo; ella se convirtió en la favorita y yo en la bruja de la historia... cuando en realidad la bruja... ¡Es ella!

Todo comenzó el día que murió la Ercilia, la cocinera de la casa.  Era de la selva y había estado con mi familia desde los  trece años.  Dicen que había matado con brujería a su padrastro; que el hombre vomitó todas sus tripas. ¡Qué asco! ¿No? ¡Claro que él primero la violó! Osea que si la historia esa era verdad, bien merecido se lo tenía el viejo por mañoso ¿No?

La cosa es que la familia del hombre la quería quemar viva y su mami se la dio a mi abuelita, que no creía en esas cosas pues pertenecía a las damas de la parroquia y  a la congregación de adoradoras de la virgen de las rosas; esa nueva que se aparece en Italia.  Hasta el día de su muerte, mi abue iba todos los años en peregrinación. ¡Ay! Pero le sigo contando.

Pues resulta que a mí la Ercilia me tenía cólera. ¡Me – O – DI – A – BA! ¡Imagínese que siempre se las arreglaba para que  mi plato de comida oliera a puf! Toda mi familia decía que me lo imaginaba, que si la Ercilia cocinaba riquísismo, que si esto, que si el otro; pero la verdad es que MI plato olía a puf. ¿Qué quiere que haga?...

La Ercilia ya estaba vieja, pero mi mami no la botaba por respeto a la memoria de mi abuelita.  Un día se enfermó más feo que de costumbre. ¡Estaba super malísisma!  Esa misma noche murió. Una hora antes mandó a llamar a la Fernanda.  Cuando ella salió de su cuarto abrazaba una urna de madera, más o menos grande.  Dijo que la Ercilia ya se había muerto, que murió tranquila, sin sufrir, que ella le había cerrado los ojos... nunca quiso decir qué le contó la Ercilia antes de morir, ni qué había en la urna. “Prometí guardar su secreto”, dijo y lloró como una Magdalena.  Yo por mi parte estaba feliz de que mi plato ya no iba a oler más a puf. ¿Usted qué haría en mi lugar?

Yo estoy segura que el día de la muerte de la Ercilia empezó todo, porque una semana después pasó... ¿No sabe lo que pasó? Porque el otro doctor escribió páginas y páginas con lo que yo le contaba. ¿No lo leyó? Bueno.

Osea, cómo le explico... Yo tenía seis meses saliendo con Carlos Gerardo, el hijo del dueño del canal catorce. ¿Sabe?  Desde el primer día él me pedía la prueba de amor.  Yo por supuesto me hacía la de rogar ¡Imagínese! ¡Después me acuesto con él y luego no se casa conmigo!  La cosa es que a las dos semanas al fin acepté. ¡Porque tampoco soy una cucufata!  Pero, ¡claro! Cuando me pedía cosas especiales yo me hacía la que no sabía de lo que estaba hablando. ¡ No vaya a ser que me creyera una jugadora! ¡Una mujer decente tiene que darse su lugar! ¿No?

Una noche nos fuimos al luau del Club Honolulú y de pronto... ¡Nada! ¡No recuerdo nada! Cuando me desperté estaba con Carlos Gerardo  en una de las suites ultra X del motel “El beso de la mujer araña”. ¡Con masajeadores adosados a la pared y espejos en el techo! ¡Yo nunca quise aceptarle que me llevara a ese lugar!... Que dicho sea de paso, yo sólo conocía de nombre... no vaya usted a pensar que yo ya había estado allí.

Bueno, le sigo contando.  Yo estaba con una ropa interior horrorosa de prosti.  El sostén  tenía huecos en los pezones y era de un material plástico, que me irritaba todo.  Y lo peor, el eslip ¡Tenía cierre! ¡Y yo me había depilado todito!

El Carlos Gerardo estaba esposado a la cama y me decía que ¡Guau! ¡Pensaba que eras una gatita y eres una tigresa! Y que ¡Y dónde has aprendido a hacer la vaca toyada! Y que ¡Eres experta en hacerlo a la tonkinesa! ¡Figúrese! ¡Con lo difícil que es hacer el amor parados!... porque... así dicen que se hace ¿No?... yo en realidad no sé esas cochinadas...

Bueno, la cosa es que yo lo miraba entre horrorizada y avergonzada.  En ese momento estaba convencida de que él me había pepeado.  Estaba tan confundida y tenía tanto miedo que sólo pude vestirme como sea y salir de allí lo más rápido que me lo permitían las piernas.  Al llegar a mi casa, me encerré en mi cuarto y tomé una ducha.  No quise ni comer.  Estaba segurísima que él me había dado algo mezclado en mi trago. ¡No podía ser que no recordase nada! ¡Nada!

 

Diario de Fernanda Graña de la Romaña

En tus brazos soy flor que deshojas con tu lengua.  Escalo tu cumbre y bebo de tu lava ardiente.  Te esposo en nupcias negras. ¿Cómo no gozar entre tus piernas? ¿Cómo no olvidar el tonto mandamiento? Y te deseo hombre de mi prójimo.  Y te arranco de los brazos de mi hermana para atarte mejor con la eterna alianza de mis cadenas.

Juego de espejos.  Te engañas.  Tendrás su cuerpo, pero en el fondo haces el amor con mi alma.

Soy una burbuja que lanzas al aire, que haces danzar al son de la música de tu flauta mágica... y que terminas reventando de placer.

 

Carlos Gerardo nunca volvió a llamarme.  Yo esperaba una disculpa de su parte, pues como le repito nadie me quitaba de la cabeza que él me había pepeado... pero él no quiso volver a verme.  Una amiga me contó que él le había dicho que yo le había hecho una perrada.  ¿Se da cuenta? Yo estaba confundida... luego entendí.

Ya había pasado un mes de eso y yo seguía traumada, así que para relajarme me inscribí en clases de estrechin.  El instructor era churrísimo.  Se llamaba Piero.  Yo primero pensé que era gay (imagínese, con un trabajo así...) pero para nada...

Un día me invitó un helado, otro me acompañó a casa... y la tercera vez. ¡Nada!

Esta vez me encontraba en una suite del Caligula Palace, ese hotel  al que dicen que van todos los ministros con sus amantes ¿sabe?... ¿No sabe? En realidad... yo tampoco sabía... hasta que me encontré allí.

Primero me asusté porque la cama se movía y yo estaba medio dormida.  Luego, al despabilarme, sentí un aparatito con un botón en mi mano.  Apreté el botón y la cama paró.  Me levanté, a mi lado estaba Piero dormido boca abajo, completamente calato y con el pompis todo grasoso, como si se hubiese echado mantequilla...   entonces me vi... tenía una prótesis entre mis piernas, bien ajustada a mi cintura por unas correas.  La prótesis era inmensa. ¡Nunca había visto que un hombre la tuviese así!... aunque ¡claro! Yo no he visto muchos hombres.  Je, je...

La cosa es que en ese momento me di cuenta de todo. ¡Yo había utilizado esa prótesis en el instructor de estrechin!

 

Diario de Fernanda Graña de la Romaña.

Hombre-Hembra, gozo entre tus montes. Extraña sensación de lucidez.  Dominio de mí: Dómina.

Y me abres hombre, buscas mi centro de gravedad y tu lengua es ola que me lleva hacia alta mar y tu sexo hambriento me quema las entrañas.

Y te abro hembra, te cabalgo yegua feroz.  Te domino, me domino: Dómina.

 

Osea que al final el Piero si era gay... ¿Se da cuenta? Al menos pateaba con las dos piernas. ¿No es cierto?

Salí de allí disparada, me tuve que esconder para que el socio de mi papá no me vea. (Por cierto, estaba con una rubia al pomo de lo más vulgar. ¡Y podía ser su nieta!)  Pero lo que es yo, no recordaba nada.  ¡Por supuesto que ni se me ocurrió asomarme por el fitnes center!  El me llamó algunas veces, pero yo me negaba ¡Qué roche contestarle! ¿No?

Y de allí las cosas se pusieron peor.  Me despertaba al lado de gente que ni siquiera conocía bien, vecinos, amigos de mis padres, todos mis primos, hasta el nerd... que nunca pensé que la tendría tan grande.

 

Tu pudor desnudo tiene la grandeza del obelisco, erguido. Fiero. Duro.  Trepo tus inconmensurables laderas, te hundes en mi gruta estrecha y llegó a la cima.  Fuerzas, dueles, haces gozar.

 

Un chico que dicen era muy inteligente porque lo aceptaron en la Pacífico a pesar de no tener plata y para colmo ser neg... digo “de color”.

 

El olor acre de tu piel nocturna me embriaga hasta el delirio, mientras me empalas en un sagrado rito africano. ¡Qué oscura es la luz de tu sonrisa!

 

¡Hasta con una lesbi! Que estudiaba literatura en la Católica. ¡Como si a mí me interesara ser poetisa!

 

Devorar tu sexo de virgen abismal es como penetrar en mi imagen del espejo.  Bendita sea tu sabia mano que se hunde en mi centro elevándome hacia las estrellas.

 

Lo que nunca entenderé es  por qué siendo lesbi yo tenía la margarita toda hinchada. ¡No me pude sentar bien por tres días!... Y que yo sepa no vi ningún consolador al lado de la cama... Qué raro ¿No?

Bueno, osea que mi vida era un infierno. Dormir me traumaba. ¡Tenía miedo de dónde iba a despertarme!

La última vez fue la peor... no se imagina... ¡Me desperté en un hotel de mala muerte en la Victoria al lado de un chofer de combi de la línea Cocharcas-José Leal!

 

Descender al infierno: Repulsión y placer.

Olor a orín, a grasa de carro, a cebolla macerada en alcohol.

Disfrutas ensuciando ese pequeño cuerpo de muñeca de porcelana.  Devoras ávido, sin paladear, ese plato que jamás volverás a llevar a tu boca.  No te importa el placer ajeno, penetras, te agitas, punto final.

Sin embargo gozo al descender el último escalón que lleva hacia la degradación.

 

No sé cómo hice para salir de ese barrio horroroso.  Me daba asco yo misma. Cómo pude caer tan bajo.  Fui a casa decidida a suicidarme... ¡Claro, que no iba a suicidarme sin clase!  Así que me bañé (Creo que hasta con lejía, para sacarme ese olor a gasolina diesel que tenía bien pegada a la piel)  Me maquillé bien, me puse mi mejor vestido de fiesta.  (Uno de Donna Karán. ¿Sabe?) Y luego me puse a pensar... dónde conseguir pastillas para matarme.  Recordé que mi mamá tomaba algo para la migraña. Fui al baño de mis padres... pero al parecer se las había tomado todas.  Entonces recordé que la Fernanda tomaba unas pastillas que dice para que le quite el terrible dolor de espalda que de cuando en cuando le da. (Sobre todo cuando quiere conseguir algo, la muy chantajista)

          Fui a su cuarto y empecé a buscar sus pastillas, sin roche, me ponía a rebuscar botándolo todo. ¡Total! No importaba si se daba cuenta pues yo ya iba a estar muerta... de pronto la vi. ¡La urna!  Estaría al borde del suicidio pero igual me mataba la curiosidad.

Estaba cerrada y una vela negra apagada se encontraba ante ella.  Y, claro, me acordé que la Ercilia era bruja. ¿Le habría enseñado sus mañas a la Fernanda?  Abrí las puertas de la urna. ¿Y sabe lo que encontré? ¡Mi foto   de promoción bañada en sangre!  Detrás de la foto había dos cuadernos, los dos tenían la escritura de Fernanda.  En uno de ellos habían recetas de brujería que seguro le dictó la Ercilia (porque ella era analfabeta. ¿Sabe?)  Una página estaba marcada con una pluma de pavo real; decía: “Hechizo para poseer el cuerpo del enemigo”.  El otro cuaderno era el diario de Fernanda.  Estaba escrito así, todo huachafo como ella habla. ¡Pero bruta no soy! Así que me di cuenta  que lo que contaba era todo lo que me había pasado a mí. ¡Inclusive había escrito los nombres de las personas! Allí fue cuando lo vi todo claro. ¡La Fernanda era una bruja y entraba en mi cuerpo para obligarme a hacer todas esas cochinadas! ¡Por eso no recordaba nada! ¡Pues era ella, la muy morbis, la que vivía todo a través de mi cuerpo!

En ese momento entró. “¡Qué haces en mi cuarto! ¡No tienes derecho a tocar mis cosas!” Yo estaba tan atontada que me dejé quitar los cuadernos; ella se acercó con su estúpida silla de ruedas a la urna y sacó la foto.  Todo lo metió en un cajón de su cómoda.  Entonces reaccioné.  Le dije que era una maldita bruja, que les iba a acusar todo a mis papis, que me dé los cuadernos.  Ella se puso a gritar y a llorar, alaraquienta ella como siempre.  Quise sacar las pruebas del delito de su cómoda, pero ella me bloqueó el paso con su silla de ruedas. 

En lo que estaba samaqueandola para que me deje libre el paso, entraron mis padres.  Yo les expliqué todo y ellos sólo se  miraban y miraban a Fernanda; me dijeron que me tranquilizara.  Me di cuenta que no me creían y me puse a gritarles que Fernanda había escondido las pruebas en el cajón de su cómoda.  No sé en qué momento vinieron esos enfermeros que parecían los hermanos del increíble Hulk.  Mi mami se puso a llorar, mi papi a decirme que ya me pondría mejor, que a pesar de todo me quería y los enfermeros de King Kong me agarraron fuerte y me inyectaron algo. 

Cuando me desperté, estaba amarrada en una cama de esta clínica.  Nadie me cree; usted tiene que creerme.  Debo salir de aquí y buscar las pruebas que la Fernanda ha escondido. ¿Me entiende? ¡Usted es mi salvación!...

...Usted no entiende, no puedo seguir un día más aquí. ¡Debo parar a Fernanda! ¡Está haciéndolo de nuevo! ¡Ayer me desperté en la cama del loquito del cuarto 36!...

...Osea que usted tampoco me cree...

...Osea que piensas que estoy loca...

...¡Deja de hablarme como a una mongolita! ¿Qué te crees cholo estúpido? ¿Qué me puedes hablar como a una tarada sólo porque tienes un título cagón de la universidad? ¡YO soy una Graña de la Romaña! ¡Puedo hacer que te boten! ¡¿No entiendes español?! ¡¿No entiendes que todo es culpa de la Fernanda?! ¡¿No entiendes que no estoy loca?! ¡NO ESTOY LOCA! ¡NO ESTOY LOCA!

¡Qué es esto!¿¡Por qué llamaste a tus gorilas, maricón?! ¡No puedes sólo conmigo, ¿no?! ¡Suéltenme, cholos de mierda; suéltenme! ¡Cómo se atreven a tocarme! ¡Soy una Graña de la Romaña! ¡Los voy a botar a todos! ¡No estoy locaaa! ¡¡NO ESTOY LOCAAA!!

 

 

HISTOIRA CLÍNICA Nº 369 guión  SM 

PACIENTE: Micaela Jimena Gracia de los Milagros Graña de la Romaña Mac Donald.

Concuerdo con el primer diagnóstico  dado por el doctor José Estupiñán Peña punto La paciente presenta un cuadro de trastorno de la personalidad esquizotópica punto Los síntomas psicóticos que manifiesta parecen ser debidos al fuerte sentimiento de culpa causado por el accidente de su hermana punto Eso explica el delirio sistematizado que manifiesta contra ella punto aparte

Corroborando el diagnóstico del Doctor Estupiñán Peña es necesario que la paciente siga el tratamiento de clozapina y olanzipina y desaconsejo su dada de alta hasta que muestre verdaderos signos de recuperación coma debido a su estado que puede hacerla llegar a grados de gran violencia punto final.

 

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